Los consejos dietéticos comunes sobre beber agua y los alimentos picantes podrían estar completamente equivocados

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MADRID, 26 (EUROPA PRESS)

Un nuevo estudio ha comprobado que determinados consejos habituales sobre la ingesta de agua o sobre los alimentos picantes podrían estar totalmente equivocados.

Habitualmente se afirma que beber agua durante las comidas estira físicamente el estómago, lo que provoca sensación de saciedad y, por lo tanto, no se come demasiado, sin embargo, la nueva investigación de la Universidad de Cornell (Estados Unidos), publicada en la revista 'Appetite', no encontró ningún respaldo para esa idea en la práctica.

Por el contrario, combraron que por cada 100 gramos adicionales de agua que bebían los participantes, consumían aproximadamente 39 gramos más de comida, lo que equivale a unas 49 calorías adicionales. Las personas que alternaban frecuentemente entre bocados de comida y sorbos de agua comían aún más: cada alternancia se asociaba con un consumo de aproximadamente 4,4 gramos más de comida.

Los investigadores sospechan que este efecto de "alternancia" funciona retrasando la saciedad sensorial específica, que es cuando el atractivo de un alimento disminuye naturalmente a medida que se consume. Así, alternar con agua puede reintroducir un contraste que mantiene el apetito durante más tiempo, retrasando así el momento en que las personas dejan de comer.

"Se ha difundido ampliamente la idea de que beber agua nos sacia --señala Paige Cunningham, profesora adjunta de la División de Ciencias de la Nutrición en la Facultad de Ecología Humana--, pero el agua se vacía rápidamente del estómago, por lo que probablemente no nos sacia por mucho tiempo. En cambio, el agua puede aumentar la cantidad de comida que ingerimos, ya que proporciona lubricación, lo que puede acelerar la ingesta, y previene la sequedad bucal, lo que puede prolongar el disfrute de la comida".

En un segundo estudio relacionado, Cunningham y su coautor John Hayes, del Departamento de Ciencia de los Alimentos de Penn State, midieron el efecto de la salsa picante en el volumen de comida ingerida y, una vez más, obtuvieron un resultado sorprendente.

"Ambos estudios demuestran cómo los hábitos alimenticios y las propiedades de los alimentos pueden influir significativamente en la cantidad que comemos, incluso sin darnos cuenta. Descubrimos que simplemente beber más agua se asociaba con un mayor consumo, mientras que añadir un poco más de especias a un tentempié ralentizaba la ingesta y disminuía la cantidad que comían los participantes", afirma Cunningham.

El estudio sobre el agua potable recopiló datos de dos experimentos de laboratorio anteriores, con un total de 86 adultos, que comieron todo lo que quisieron de un almuerzo (ya fuera chili con carne o pollo tikka masala) servido con agua, mientras los investigadores grababan en vídeo cada bocado y sorbo.

Un resultado contradijo las expectativas de los propios investigadores: los participantes que bebieron agua más rápido durante la comida terminaron comiendo menos, no más. El estudio plantea esto como una incógnita, más que como una explicación definitiva, señalando que podría reflejar el tiempo que el agua permanece en la boca o simplemente estar relacionado con la duración total de la comida.

"Este fue un análisis secundario que examinó las asociaciones --subraya Cunningham--. Estamos dando seguimiento a esto en este momento para poder realizar esas inferencias causales".

En un experimento aparte, cuyos resultados se publicaron en 'Food Quality and Preference', se sirvieron totopos a 49 adultos junto con una salsa suave o picante, una vez por semana durante dos semanas; solo varió el contenido de pimienta de cayena de la salsa entre las dos condiciones. La versión más picante redujo el consumo total de aperitivos en un 28%, no solo de la salsa, sino también de los totopos, a pesar de que estos últimos no sufrieron cambios.

Los participantes comieron el aperitivo picante un 30 % más despacio que el suave, lo que, según los investigadores, provocó la disminución: el picante ralentizó el ritmo de consumo, y comer más despacio significó comer menos en total. La ingesta de agua durante el aperitivo no se vio afectada por el nivel de picante, lo que, según señalan los investigadores, lo descarta como explicación de la menor ingesta.

"Nos interesaba saber si añadir picante a la salsa haría que la gente comiera la misma cantidad de totopos --explica Cunningham--. Y no fue así. La conclusión es que añadir picante a una parte del aperitivo puede influir significativamente en la cantidad total que come la gente".

En conjunto, ambos estudios presentan argumentos que contradicen dos ideas populares sobre nutrición: que beber agua durante las comidas es una solución sencilla para comer menos, y que la comida picante debe consumirse con precaución si se cuida la alimentación. Esta investigación demostró que podría ser al revés: el consumo de agua se asoció con un mayor apetito, mientras que el de especias se asoció con un menor apetito.

"Estas estrategias podrían ayudar a los consumidores a alcanzar sus objetivos de reducir la ingesta de energía", apunta Cunningham.

Ambos estudios dejan claro sus limitaciones: las comidas y los aperitivos analizados fueron un conjunto reducido (chili, tikka masala y una combinación de totopos con salsa), todos consumidos en un entorno de laboratorio controlado, y los investigadores advierten que no se deben asumir los mismos patrones para alimentos muy diferentes o en la alimentación cotidiana y no controlada.

"Estamos buscando realizar experimentos futuros que exploren qué otros factores o propiedades de los alimentos podemos aprovechar para influir en los comportamientos", avanza Cunningham.