Adiós al mito: la sal puede estabilizar el azúcar y mejorar tu energía

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MADRID, 5 (EDIZIONES)

Durante años, la sal ha sido señalada como uno de los grandes enemigos de la salud cardiovascular. Sin embargo, nuevas investigaciones cuestionan si las recomendaciones universales de restricción son adecuadas para toda la población.

En una entrevista con Europa Press Salud Infosalus, el doctor James DiNicolantonio, un científico especializado en salud cardiovascular y doctor en Farmacia, reconocido internacionalmente como experto en salud y nutrición, recuerda así en nuestra conversación que la sal, lejos de ser sólo un condimento, desempeña un papel esencial en la hidratación, en la función nerviosa, en nuestra energía, y en nuestro equilibrio metabólico.

Entonces, ¿estamos consumiendo realmente demasiada sal, o podría ocurrir lo contrario en determinados casos? Analizamos con él quién necesita reducirla, quién podría beneficiarse de un mayor aporte, y qué cantidad diaria se asocia con mejores resultados en salud.

POR QUÉ ES IMPORTANTE LA SAL PARA NUESTRA SALUD

En primer lugar, este experto resalta que la sal es esencial para mantener el equilibrio hídrico, la función nerviosa, la contracción muscular, y una correcta circulación sanguínea al cerebro y a los músculos.

"Favorece la absorción de nutrientes, ayuda en la regulación de las hormonas, y desempeña un papel clave en los niveles de energía y de la salud metabólica general", subraya.

Además, señala que un consumo adecuado de sal puede ayudar a estabilizar el azúcar en sangre, favorecer la hidratación, al tiempo que sirve para prevenir síntomas como la fatiga o los mareos, que pueden presentarse cuando los niveles son demasiado bajos.

"Para quienes comienzan una dieta baja en carbohidratos, la sal es especialmente importante porque estos patrones de alimentación aumentan la pérdida de sodio a través de la orina, y reponerla ayuda a evitar problemas como la falta de energía o los dolores de cabeza", agrega DiNicolantonio.

HAY QUE ALEJARSE DE LAS RESTRICCIONES ANTIGUAS DE SAL

En este contexto, uno de los principales mensajes que este experto lanza en su último libro 'La solución está en la sal. Por qué los expertos se equivocan y aumentar su consumo puede salvarte la vida' (Alienta Editorial), motivo por el que le entrevistamos, es que "las recomendaciones actuales de las organizaciones de salud sobre un consumo bajo de sal se basan en investigaciones limitadas y no se aplican por igual a todos los colectivos".

Advierte así de que la sensibilidad a la sal varía según la persona, y para la mayor parte de las personas con presión arterial normal el restringir la sal puede provocar efectos no deseados, como un aumento de las hormonas del estrés, una mayor resistencia a la insulina, o incluso un mayor riesgo de ciertos problemas de salud.

Asimismo, sostiene que el enfoque de limitar la sal, a veces, ha eclipsado el papel de otros factores dietéticos, como el exceso de azúcar y de los alimentos procesados: "La evidencia de estudios a gran escala sugiere que un consumo moderado o alto de sal se asocia con mejores resultados para muchas personas, y escuchar los antojos naturales de sal puede guiar la ingesta de forma más eficaz que los límites estrictos".

¿QUIÉN NECESITA MENOS SAL Y CUÁL CONSUMIR?

En concreto, le preguntamos por quienes sí deben centrarse en consumir poca o nula sal en su día a día, apuntando que estas medidas deben seguirse por un pequeño grupo de personas, como aquellas con afecciones específicas como ciertos tipos de hipertensión o factores genéticos que las hacen más sensibles a la sal. Considera a su vez este investigador cardiovascular que, combinarlo con un mayor consumo de potasio procedente de verduras y de frutas, esto puede ayudar a equilibrar la situación.

"Para la mayor parte de las personas, especialmente para quienes tienen presión arterial normal, un mayor consumo de sal puede ser beneficioso. Esto incluye a personas activas, deportistas, personas que sudan mucho (por ejercicio o ambientes calurosos), quienes siguen dietas bajas en carbohidratos o cetogénicas, y cualquier persona que sufra fatiga, falta de energía, o antojos frecuentes. Las necesidades de sodio suelen ser mayores cuando se pierde a través del sudor o la orina", destaca este científico en investigación cardiovascular.

En este punto, recuerda DiNicolantonio que, para la mayor parte de los adultos sanos, el consumo óptimo de sal se sitúa entre 3.000 y los 4.500 miligramos de sodio al día (aproximadamente entre 7,5 y 11 gramos de sal, o entre 1 y un tercio y 2 cucharaditas), según estudios que vinculan este nivel con menores riesgos para diversos problemas de salud, así como con niveles más bajos de hormonas del estrés.

"Una ingesta de entre 3 y 4,5 gramos de sodio (entre 1 y un tercio y 2 cucharaditas de sal) suele considerarse beneficiosa cuando las personas comen según sus antojos naturales. Las necesidades individuales pueden variar, por lo que es útil usar los antojos como guía. Elija sales naturales sin refinar, que aporten oligoelementos como el yodo, junto con el sodio, en lugar de sal de mesa altamente procesada", aconseja este experto.

USAR LOS ANTOJOS DE SAL PARA SUPERAR LA ADICCIÓN AL AZÚCAR

Pero sin duda, una de las ideas que aporta en su libro es aprovecha los antojos que tenemos de sal para superar la adicción actual que hay en el azúcar en muchos de nosotros. Tal y como explica, un consumo bajo de sal a veces puede aumentar los antojos de dulces o de alimentos ricos en carbohidratos, ya que el cuerpo puede responder intensificando la respuesta de recompensa al azúcar, o afectando la sensibilidad a la insulina.

Añadir suficiente sal, según prosigue, puede ayudar a moderar estos antojos al mejorar la gestión del azúcar en sangre, y también hacer que los alimentos integrales tengan un sabor más satisfactorio, lo que con el tiempo reduce la necesidad de comer dulces.

"Cuando surja un antojo de azúcar consuma sal con agua, por ejemplo, un cuarto- un medio cucharadita de sal en un vaso de agua, quizás con un chorrito de limón, de lima, o con un poco de zumo de naranja para darle sabor. Una bebida electrolítica saborizada con sal también puede funcionar bien. Salar las comidas al gusto de forma constante también puede ayudar a prevenir la acumulación de antojos de azúcar y, con el tiempo, esto puede ayudar a cambiar las preferencias hacia alimentos menos dulces", concluye este investigador cardiovascular.